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jueves, septiembre 24, 2026

Tradición Copera: ¿Tradición al mejor postor?

La primera edición de Tradición Copera 2026 todavía no ha comenzado y ya plantea una interrogante que sus organizadores deberían responder: ¿qué significa realmente ser un club tradicional del fútbol peruano? La propuesta de recuperar a instituciones históricas, algunas de ellas alejadas durante años de las principales competencias nacionales, resulta interesante. Sin embargo, la inclusión de equipos con trayectorias muy diferentes ha abierto el debate sobre los criterios utilizados para seleccionar a los participantes.

Entre los clubes invitados aparecen Deportivo Municipal, Coronel Bolognesi, José Gálvez, León de Huánuco, Ciclista Lima, Defensor Lima y Octavio Espinoza, instituciones con un pasado ampliamente documentado en la Primera División.

Pero también encontramos a Alfredo Salinas y UNISPA de Espinar, Deportivo Maristas de Huacho y Domingo Dianderas de Chincha. Su presencia obliga a preguntarse si estamos ante un campeonato reservado para instituciones históricas o simplemente frente a una nueva competición abierta a clubes que cumplen determinados requisitos administrativos y económicos.

¿Qué entendemos por tradición?
El primer problema parece estar en la propia definición del torneo.La tradición futbolística no necesariamente se mide por haber disputado la Primera División. La Copa Perú está llena de instituciones que jamás llegaron a la máxima categoría, pero que representan décadas de historia, identidad regional y arraigo popular.

Sería injusto desconocerlas únicamente porque nunca consiguieron el ascenso. Sin embargo, tampoco podemos colocar automáticamente en una misma categoría a una institución centenaria, a un antiguo participante de Primera División y a un club fundado hace poco más de una década.

Alfredo Salinas, por ejemplo, nació en 2011 y consiguió llegar a la Segunda División después de su destacada participación en la Copa Perú 2015. Su trayectoria merece reconocimiento, especialmente por haber llevado el fútbol de ascenso hasta Espinar. Pero ¿es suficiente para considerarlo un club tradicional?

Algo parecido ocurre con UNISPA, Deportivo Maristas y Domingo Dianderas. Sus respectivas trayectorias y su identificación con sus localidades pueden justificar su presencia en una competición nacional, pero eso no significa necesariamente que respondan al concepto de tradición que muchos aficionados asociaron inicialmente con este campeonato.

El problema no está en que estos equipos participen. Está en que todavía no parece existir una explicación suficientemente clara sobre qué condiciones convierten a una institución en tradicional y por qué determinados clubes fueron considerados mientras otros quedaron fuera.

Un campeonato que necesita criterios transparentes
La lista de invitados demuestra que Tradición Copera reúne a instituciones de características muy distintas. Algunos clubes poseen títulos nacionales, participaciones internacionales y décadas de presencia profesional. Otros cuentan con antecedentes en Segunda División o destacadas campañas en la Copa Perú. También aparecen equipos cuya trayectoria se concentra principalmente en el fútbol regional.

Todos tienen derecho a buscar oportunidades deportivas, pero resulta necesario explicar bajo qué criterios fueron seleccionados.

¿Se evaluó la antigüedad? ¿El número de temporadas disputadas en Primera o Segunda División? ¿Los títulos obtenidos? ¿El arraigo popular? ¿La continuidad institucional? ¿O simplemente se invitó a instituciones que manifestaron interés y demostraron contar con los recursos necesarios para participar? Son preguntas legítimas que LINFA debería esclarecer.

Existe además un componente económico que merece atención. Los clubes invitados deben completar su inscripción y cumplir con las obligaciones administrativas y financieras establecidas por la organización. De hecho, recientemente el presidente de la Liga Departamental de Fútbol de Huánuco, Lucio Alva Ochoa, advirtió que León de Huánuco y Municipal de Chacos todavía no habían formalizado su participación porque, entre otros requisitos, debían cancelar sus derechos de inscripción y garantía.

Naturalmente, organizar un campeonato nacional exige recursos económicos. Los traslados, arbitrajes, escenarios deportivos y demás gastos necesitan financiamiento.

El cuestionamiento aparece cuando el componente económico parece adquirir mayor visibilidad que los propios criterios históricos de selección. ¿Puede un club con una extensa trayectoria quedar fuera por no contar con los recursos necesarios mientras otro, con una historia considerablemente más corta, consigue participar?

No existe evidencia suficiente para afirmar que LINFA haya seleccionado a sus invitados en función de quién puede pagar más. Sin embargo, la falta de claridad sobre los criterios deportivos e históricos alimenta precisamente esa percepción. Y tratándose de un campeonato que utiliza la tradición como principal argumento de presentación, esa percepción debería preocupar a sus organizadores.

Una oportunidad que no debería desperdiciarse
Tradición Copera tiene elementos que podrían convertirla en una competición atractiva. Volver a enfrentar a clubes históricos, recuperar antiguas rivalidades y ofrecer una nueva oportunidad de ascenso a instituciones que desaparecieron de los primeros planos son objetivos interesantes para el fútbol peruano.

El campeón tendrá como premio el ascenso a la Liga 3, mientras que el subcampeón podrá incorporarse a la Etapa Departamental de la Copa Perú de su respectiva liga. Pero si el campeonato pretende construir una identidad propia, necesita establecer una diferencia clara entre tradición, trayectoria reciente y capacidad económica.

No se trata de excluir a Alfredo Salinas, UNISPA, Deportivo Maristas o Domingo Dianderas por no haber disputado la Primera División. Se trata de explicar qué méritos justifican su inclusión dentro de una competición presentada como un espacio para recuperar instituciones tradicionales. De lo contrario, Tradición Copera corre el riesgo de convertirse en otro torneo de ascenso cuyo nombre promete una cosa y cuyos criterios de participación responden a una lógica diferente. 

La tradición no debería depender exclusivamente de una invitación ni de la capacidad para financiar una inscripción. Porque, si no se explica qué significa realmente ser un club tradicional, la pregunta terminará imponiéndose incluso antes del primer partido: ¿estamos recuperando la historia del fútbol peruano o simplemente creando una nueva competición bajo una denominación atractiva?

Redacción SegundaPerú

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