La creación de la Liga 3 fue presentada por la Federación Peruana de Fútbol como un paso importante para profesionalizar el ascenso y establecer un filtro entre la Copa Perú y la Liga 2. El objetivo era claro: que solo las instituciones con estabilidad deportiva, económica y administrativa pudieran seguir escalando en el fútbol peruano.
Sin embargo, cuando el campeonato 2026 apenas supera sus primeras jornadas, la realidad parece demostrar todo lo contrario. Lejos de consolidarse como un torneo que premie la organización y la sostenibilidad de los clubes, la Liga 3 atraviesa una preocupante crisis marcada por problemas económicos, conflictos dirigenciales, sanciones disciplinarias y amenazas de retiro que ponen en tela de juicio el verdadero proceso de licenciamiento aplicado antes del inicio de la competencia.
La primera gran señal de alarma llegó con la exclusión disciplinaria del Defensor José María Arguedas de Andahuaylas y del FC Sporting Company de Arequipa. Ambos clubes fueron retirados del torneo por resolución de la Comisión Disciplinaria de la Liga Nacional de Fútbol Aficionado (LNFA) y actualmente esperan la resolución de sus respectivas apelaciones.
Pero las dificultades no terminan allí. La Asociación Deportiva Tahuishco de Moyobamba vive una profunda crisis institucional. Sus propios jugadores denunciaron públicamente el retraso en el pago de sus remuneraciones y advirtieron que evaluaban retirarse del campeonato ante el abandono dirigencial. Incluso, la renuncia de su presidente terminó agravando aún más la incertidumbre sobre el futuro del club.
En Cusco, Corazón de León, antes conocido como Defensor Cubillas de Espinar, atraviesa una situación aún más dramática. Los futbolistas denunciaron retrasos salariales, falta de alimentación adecuada, ausencia de cuerpo médico, problemas logísticos para trasladarse a los partidos e incluso la inexistencia de un director técnico estable, panorama que ha puesto en serio riesgo su continuidad en la competencia.
Otro caso que preocupa es el de Cultural Volante de Bambamarca. La institución quedó sumida en una crisis luego de la renuncia de su presidente Humberto Díaz, quien incluso manifestó que asumiría personalmente las eventuales sanciones económicas que pudiera recibir el club si este termina descendiendo nuevamente a la Copa Perú. A ello se suman denuncias por retrasos en los pagos al plantel y la suspensión de entrenamientos por conflictos entre la dirigencia y los jugadores.
Todos estos casos evidencian que la Liga 3 continúa enfrentando los mismos problemas estructurales que durante años se atribuyeron exclusivamente a la Copa Perú. Y aquí surge una interrogante inevitable. Si el propósito de la Liga 3 era convertirse en un filtro para impedir el ingreso de clubes sin respaldo económico ni organización institucional, ¿cómo es posible que tantos equipos atraviesen hoy este tipo de crisis cuando el torneo apenas empieza?
La pregunta cobra aún más fuerza si se recuerda el caso de Deportivo Municipal. El histórico cuadro edil fue excluido administrativamente de la Liga 3 antes del inicio del campeonato debido a incumplimientos económicos y administrativos. En aquel momento, la decisión fue presentada como una muestra de que la organización sería inflexible con los requisitos de participación.
Sin embargo, apenas unas semanas después, la realidad del campeonato demuestra que varios de los clubes que sí fueron admitidos enfrentan problemas similares o incluso más graves, algunos al borde del retiro por falta de recursos para pagar sueldos, alimentación o transporte.
La situación invita a reflexionar sobre los criterios utilizados para aprobar la participación de las instituciones y sobre la eficacia de los mecanismos de control implementados por la organización.
Más allá de los resultados deportivos, un torneo nacional requiere clubes con capacidad financiera, planificación y estructuras sólidas que garanticen el cumplimiento de sus obligaciones durante toda la temporada. De lo contrario, el campeonato corre el riesgo de perder credibilidad y convertirse en una competencia marcada por las crisis institucionales más que por el rendimiento futbolístico.
La Liga 3 nació con la misión de profesionalizar el ascenso. Hoy, apenas en sus primeras fechas, enfrenta el desafío de demostrar que realmente puede cumplir ese objetivo. De lo contrario, el torneo corre el riesgo de repetir los mismos problemas que precisamente buscaba erradicar.
Redacción SP - X: @SegundaPeru
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